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Los corazones cinteros volvieron a llenarse de vida al paso de la Virgen de la Cinta

Las campanas de la Merced marcaban las ocho de la tarde, anunciando el inminente inicio de la procesión. En la plaza que próximamente volverá a cambiar de imagen, miles de onubenses aguardaban a su encuentro con la patrona de Huelva. Fue 7 de septiembre y, tras tres años de espera, Huelva volvió a reencontrarse con la Virgen de la Cinta en vísperas de su día más grande.

A sones de «corazones cinteros» la Virgen Chiquita se echaba a las calles de su ciudad. Unos corazones cinteros que aplaudían con emoción la salida de la Virgen, corazones cinteros que en estos años de ausencia han partido al encuentro con Ella y desde el cielo contemplaban la salida. Pequeños corazones cinteros que se estrenaban por vez primera y que a hombros de sus padres comienzan a querer a la Virgen de la Cinta.

Antes de la salida de la patrona, el nutrido cortejo comenzó a abandonar las naves catedralicias. Siguiendo el tintineo de la cruz alzada de la hermandad, las diferentes hermandades de gloria y penitencia de nuestra ciudad aparecían representadas en la salida. También diferentes instituciones de la ciudad, representaciones políticas y militares y el alcalde de la ciudad bajo mazas. El guión de la Hermandad de la Cinta era escoltado por dos miembros del clero onubense, una presencia del clero más nutrida que en otras ocasiones en el cortejo pudiéndose ver también en la presidencia acompañando a la junta de gobierno. D. Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, en su estreno en la procesión de la patrona de la ciudad, se situaba antecediendo el cortejo litúrgico acompañado de dos miembros del cabildo catedralicio. Antecediendo al paso, se situaban los mayordomos de la hermandad portando una libra de cera, rememorando estampas del pasado recuperadas para la ocasión.

La Virgen de la Cinta lucía sus mejores preseas. La corona de oro de la Coronación, ofrenda del pueblo de Huelva y cincelada hace más de cien años por Ripoll y la ráfaga de oro que realizara a juego Fernando Marmolejo. Junto a ellas la Medalla de Oro de la Ciudad de Huelva y la vara de alcaldesa Perpetua de la ciudad, mientras que del cuello del Niño de las Sandalias pendía la medalla de oro del Consejo de Hermandades de Huelva. En el frontal del paso la reliquia de San Manuel González García se situaba a los pies de la patrona. Los tradicionales nardos junto a unas delicadas rosas exornaban unas andas procesionales recientemente restauradas, brillando como en sus mejores ocasiones.

Rodeada por numerosos onubenses, avanzaba la Virgen de la Cinta hasta llegar a la Parroquia de la Purísima Concepción. Allí la esperaba, a las puertas del templo, la Virgen de la Amargura. Una estampa que, en este año de espera para la coronación de la madre del Nazareno, la cofradía de la Madrugá ha querido regalar a Huelva. Ante Ella se volvió el paso de la patrona, quedándose bajo el dintel del templo en unos emotivos momentos.

Sergio Borrero
Director de CuartoTramo.com, el diario digital cofrade onubense. Hermano de la Hermandad de la Borriquita

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