Opinión

«María se levantó y partió sin demora» Carta del Obispo de Huelva con motivo del inicio del curso pastoral

Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva


Queridos hermanos:

La frase del Evangelio de San Lucas: “María se levantó y partió sin demora” (Lc 1,39) es la cita bíblica elegida por el Papa Francisco como lema de la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Lisboa, Portugal. También a nosotros nos debe motivar poner el curso pastoral que iniciamos en la perspectiva de la JMJ 2023, pues este encuentro debe suponer un impulso para la evangelización en todas nuestras acciones diocesanas, particularmente, en la pastoral juvenil. María, después de responder al ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), emprende el camino hacia Ein Karem, una aldea cerca de Jerusalén, donde Santa Isabel esperaba el nacimiento de San Juan Bautista. La acción de levantarse presenta a María, simultáneamente, como modelo de caridad y modelo misionero. De este modo nos enseña a configurarnos como evangelizadores en nuestra Iglesia particular.

Somos conscientes de que no atravesamos tiempos fáciles. Salimos de la crisis de la pandemia, entramos en la crisis de la guerra en Europa por la invasión de Ucrania, y ahora se nos avisa una crisis económica y energética grave. En este contexto los cristianos debemos emplearnos, desde la esperanza creyente, para salir de estos trances mejor y más unidos, siendo testigos de la presencia de Cristo Resucitado y mensajeros del Evangelio. Es el mejor servicio que podemos prestar, pues “la alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades (…) La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio (…). Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”. (V Conferencia General del CELAM 2007 en Aparecida, Documento Conclusivo, nº 29)

En los últimos meses hemos trabajado en las Orientaciones Pastorales Diocesanas, se han recibido aportaciones y se han propuesto acciones para llevarlas adelante. Así llegamos a la publicación de las Orientaciones Pastorales Diocesanas (2022-2027), tituladas “Él va por delante de vosotros” (Cf. Mc 16,7), que ahora se presentan como el camino pastoral a seguir en la Diócesis de Huelva.

Sabiendo que nuestra misión es evangelizar aquí y ahora, respondiendo a la llamada permanente del Señor resucitado y vivo, nos hemos preguntado ¿qué nos proponemos conseguir en la situación actual de nuestra Iglesia particular y de la sociedad de Huelva?, ¿cuál es el modelo pastoral de conjunto de la Diócesis de Huelva? a respuesta que ofrecemos queda señalada en las Orientación Pastorales Diocesanas, que se explican en cuatro líneas de trabajo:

  • Primera: Acrecentar nuestra responsabilidad misionera. Lo decisivo es que lleguemos al convencimiento de que cada parroquia, cada comunidad eclesial, cada familia cristiana, cada bautizado es responsable del anuncio misionero del Evangelio en nuestra ciudad, barrio o pueblo, entre nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo o estudio. Esto exige “un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús (…) No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios”(San Pablo VI, Exh. Apost. Evangelii Nuntiandi, nº 22). Seamos, pues, misioneros en nuestra tierra.
  • Segunda: Proporcionar oportunidades para experimentar una auténtica comunidad eclesial: La pastoral misionera no puede darse por satisfecha con el anuncio del Evangelio, sino que debe invitar a las personas a incorporarse a la comunidad de fe que es la Iglesia (cf. Ef 2,19-22). La evangelización solo puede exhortar honestamente a la conversión si la Iglesia es capaz de presentarse como una comunidad que testimonia y hace posible experimentar en medio del mundo un nuevo estilo de vida. La construcción de estos ámbitos espirituales y culturales tiene que ser en adelante una de las tareas principales de nuestras parroquias y comunidades cristianas. En este contexto, debemos ocuparnos de forma prioritaria de las familias cristianas, de tal manera que se signifiquen en nuestra sociedad, pues ellas serán el tejido que dé consistencia a la comunidad cristiana. También las grandes manifestaciones de la piedad popular de nuestro pueblo deben ser impulso para crear auténticas comunidades cristianas.
  • Tercera: Tener una presencia misionera en la vida pública. Es imprescindible que los católicos estemos presentes y actuemos en la vida pública, tratando de llevar a la práctica la moral cristiana a favor del bien común material y espiritual de las personas. Resulta fundamental para el verdadero progreso de la sociedad nuestro compromiso familiar, ciudadano, profesional y político. Esta presencia está guiada desde la educación moral según los Mandamientos de la ley de Dios, que son la encarnación de la existencia cristiana, hasta la Doctrina Social de la Iglesia. Nuestro compromiso abraza la preocupación por los pobres y marginados, y pasa por favorecer la participación de los ciudadanos católicos en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
  • Cuarta: Todos llamados a la santidad. Nuestra pastoral diocesana debe desplegar una auténtica pedagogía de la santidad adaptada a todas las edades y situaciones de las personas, presentándola como un ideal atractivo, posible de alcanzar con la ayuda de la gracia. Todos debemos emplearnos en ello, los sacerdotes, diáconos, personas consagradas, catequistas, familias cristianas, grupos parroquiales y movimientos apostólicos. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada (Francisco, Exh. Apost. Gaudete et exultate, nº 1).

Las Orientaciones Pastorales Diocesanas (2022-2027), “Él va por delante de vosotros” (Cf. Mc 16,7), están llamadas a ser acogidas, reflexionadas y puestas en práctica en cada realidad eclesial de la Diócesis. Para ello, las líneas de trabajo tienen que convertirse en programaciones concretas, prácticas y revisables, asumiendo que tienen un carácter transversal, y no son acciones sucesivas. Por su parte, en cada curso pastoral el Consejo Episcopal con los Consejos del Presbiterio y de Pastoral irán definiendo algunas acciones a nivel diocesano, que todos debemos tener en cuenta con verdadero espíritu de comunión eclesial.

Para el curso pastoral 2022-2023, en orden a la ejecución de las Orientaciones Pastorales Diocesanas, planteamos a la Diócesis las siguientes acciones pastorales:

Primera: Creación o fortalecimiento de los Consejos Pastorales Parroquiales y de los Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos.

“Para la renovación misionera de la Iglesia en clave de sinodalidad es necesario potenciar los consejos parroquiales y diocesanos y otros posibles cauces de participación y corresponsabilidad”. (O.P.D. nº 110)

Con la creación o fortalecimiento, donde ya existan, de estos consejos parroquiales queremos avanzar en la línea de acrecentar nuestra responsabilidad misionera y en proporcionar oportunidades para experimentar una auténtica comunidad eclesial.

Ha sido una acción propuesta repetidamente en las aportaciones que se han hecho a las Orientaciones Pastorales Diocesanas, y ha vuelto a plantearse en la fase diocesana del Sínodo 2023, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, en cuyas conclusiones diocesanas se dice lo siguiente: Que los consejos parroquiales sean obligatorios… que el Obispo vigile y promueva su creación.

  • Concretamente, se trata de que los Consejos Pastorales Parroquiales ayuden a la parroquia a convertirse en centro de irradiación misionera en todo el territorio confiado a su cuidado pastoral, promoviendo la corresponsabilidad, participación y solidaridad en las comunidades cristianas. De este modo, el Consejo Pastoral Parroquial y el Consejo Parroquial de Asuntos Económicos serán instrumentos que ayudarán a avanzar en la sinodalidad que, como sabemos, significa caminar juntos, sentirnos todos corresponsables, protagonistas de la reflexión y copartícipes de las tareas evangelizadoras de la Iglesia.
  • Para llevar a cabo esta acción, ofreceremos un borrador de estatutos para ambos consejos parroquiales, que serán estudiados por el Consejo del Presbiterio y el Consejo Diocesano de Pastoral, en los arciprestazgos por los sacerdotes y en las parroquias por los consejos parroquiales existentes o con las personas que el párroco considere conveniente. Una vez recogidas las aportaciones, ambos estatutos serán promulgados y se procederá a la constitución de estos consejos parroquiales. Por mi parte, deseo tener un encuentro con los Consejos Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos por vicarias territoriales a finales de febrero y durante el mes de marzo, y en junio un encuentro diocesano.

Segunda: Revisión del Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana

Cuando en las Orientaciones Pastorales Diocesanas hablamos de la familia como Iglesia doméstica, reconocemos que “un efecto del gigantesco y rápido cambio cultural es la ruptura del modo tradicional de transmisión de la fe religiosa de los padres a los hijos. El pluralismo impacta de tal modo que hay hijos que no tienen la religión de sus padres y padres que no tienen la religión de sus hijos. Los medios de comunicación han invadido todos los espacios, introduciéndose también en la intimidad del hogar. La comunicación familiar e intergeneracional de las creencias y los valores está cuestionada por la crisis de confianza en las instituciones tradicionales –familia, escuela e iglesia”.(O.P.D. nº 65)

En este contexto cultural tenemos que entender lo que apuntamos en las mismas Orientaciones cuando, tratandode acrecentar nuestra responsabilidad misionera (primera línea de trabajo), hablamos de la iniciación cristiana y decimos que “el proceso de la iniciación cristiana (la preparación para los sacramentos del Bautismo, la primera Comunión y la Confirmación) tiene que ser el primer cauce de nuestra pastoral misionera. Evangelizar es precisamente iniciar a la vida cristiana… El proceso entero de la Iniciación Cristiana tendría que estar centrado en este objetivo de la conversión y aprendizaje de la vida cristiana como algo esencial, y debería desarrollarse de tal manera que pudieran alcanzarlo con cierta normalidad” (O.P.D. nº 49).

En las conclusiones diocesanas del Sínodo 2023, también se expresa la necesidad de una iniciación cristiana seria, que ayude a descubrir la presencia de Cristo resucitado.

  • Así pues, nos proponemos revisar el actual Directorio de la Iniciación Cristiana de la Diócesis. Igualmente, es un trabajo en el que debemos implicarnos todos los agentes comprometidos en la iniciación cristiana. La Delegación Diocesana para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado realizará un primer borrador sobre el que se reflexionará en el Consejo del Presbiterio y el Consejo Diocesano de Pastoral, en los arciprestazgos y en las parroquias, sobre todo, los catequistas. Se pretende llegar a la promulgación de un nuevo Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, práctico, realista, esperanzador, que nos ayude a abordar este periodo catequético desde las claves de unapastoral misionera, que nuestro contexto eclesial requiere.

Tercera: Aula virtual de formación para los laicos y Curso básico de Formación cristiana para laicos

En las Orientaciones Pastorales Diocesanas decimos que “la formación ha de ser permanente (abarca todas las edades y todos los estados) e integral, y deberá ayudar a descubrir y a cultivar la vocación propia y capacitar para la misión. También la formación debe ser compartida en la comunidad” (nº 50). Asimismo, reconocemos que el camino pasa por ir “formando cristianos verdaderamente convertidos al Evangelio, capaces de ir influyendo en su vida personal y familiar, y luego en el conjunto de la sociedad, desde el respeto, la tolerancia y la colaboración con todos los demás.” (O.P.D. 73)

Igualmente, en las conclusiones diocesanas del Sínodo 2023 se señala la “necesidad de adecuada formación. En la tarea concreta de la evangelización todos necesitamos formación (…) no se ha avanzado en la formación religiosa de adultos. La fe queda así ahogada nada más que por pura ignorancia.”

  • Nos proponemos que el Instituto Teológico San Leandro en Huelva, cuya afiliación a la Facultad de Teología de San Isidoro de Sevilla ha sido ya aprobada por la Congregación para la Educación Católica, se constituya en el centro que ofrezca este servicio de formación cualificada a la Diócesis, con la colaboración de las delegaciones diocesanas correspondientes.
  • Durante el curso 2022-2023 se ofrece un Aula virtual de formación para los laicos, coordinada por la Delegación diocesana para el Apostolado de los Laicos. Asimismo, de manera presencial se impartirá el Curso básico de Formación cristiana para laicos.
  • Además, el Instituto Teológico San Leandro ofrece la oportunidad de estudiar presencialmente el Bachiller en Teología también para los laicos. Al mismo tiempo, además de la DECA de Infantil y Primaria se ofrece un curso monográfico para todos los agentes de pastoral interesados, Iglesia en camino: extranjeros, migrantes y refugiados, continuando la tarea formativa realizada por el Centro Diocesano de Teología, Pastoral y Espiritualidad.

Cuarta: Fortalecimiento o creación de los Equipos Parroquiales de Liturgia, estableciendo itinerarios formativos para sus miembros

“Para fortalecer la vida cristiana se necesita beber de su fuente, que es la liturgia. La liturgia es la fe de la Iglesia en acto, la Iglesia en oración. La liturgia es un especial lugar de experiencia de Dios.”(O.P.D. nº 102).

Entre las celebraciones litúrgicas,“la Eucaristía dominical tiene que ser el acto central de la cada parroquia y de cada comunidad cristiana, la señal de identidad, el alimento principal de la fe y de la vida de los cristianos”(O.P.D. nº 103).

La formación cristiana debe preparar para la celebración de los sacramentos y ayudar a entender el significado de los gestos y de los símbolos propios de la liturgia. Particularmente, deberemos atender la preparación de las personas que sean consideradas aptas para asumir de una manera estable los ministerios de lector, acólito y catequista (O.P.D. nº 70)

También, en las conclusiones diocesanas para el Sínodo 2023 decimos que “faltan momentos de oración comunitaria (…) frecuencia de sacramentos y oración personal. Solo una vida interior rica y llena de Dios, alimentada por la oración y los sacramentos, puede salir al exterior y dar razón de nuestra esperanza (…) La Eucaristía vivida y celebrada determina las decisiones más importantes de la vida cristiana, guiando nuestros trabajos y acciones en favor de la comunidad.”

Sabemos que la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la palabra de Dios (kerigma-martyria), la celebración de los Sacramentos (leiturgia) y el servicio de la caridad (diakonia). Al servicio de estas dimensiones de la Iglesia, junto a los ministros ordenados, tenemos fieles cristianos que participan de ellas como catequistas o voluntarios de Cáritas, y hemos de reconocer que son menos los equipos de liturgia. Pongamos empeño en crear, fortalecer y formar los equipos parroquiales de liturgia.

  • La Delegación Diocesana de Liturgia nos ofrecerá orientaciones, materiales y acompañamiento para estos equipos de liturgia.
  • En el impulso de estas acciones propuestas para el curso pastoral hay algunas Delegaciones que tienen un papel fundamental, como son la Delegación Diocesana para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, la del Apostolado de los Laicos y la de Liturgia, además del Consejo Episcopal, los Consejos del Presbiterio, de Arciprestes y de Pastoral, y los sacerdotes en los encuentros de arciprestazgos. Sin embargo, me gustaría que a estos trabajos se uniera también la CONFER diocesana, los movimientos y asociaciones presentes en la Diócesis, los diversos grupos y comunidades cristianas. Se trata, en definitiva, de trabajar en sinodalidad.

Antes de terminar esta carta en la cual he querido presentaros el curso pastoral y convocaros a un trabajo común, permitidme una palabra sobre un asunto de vital importancia, que me preocupa como pastor de la Diócesis de Huelva y que debe preocuparnos como Iglesia ya que nos afecta a todos: la escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Ante esta necesidad debemos, en primer lugar, rezar, porque es lo que nos ha dicho el Señor: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”(Lc 10, 2). A la vez, tenemos que empeñarnos personal y comunitariamente en levantar un movimiento de fervor espiritual y misionero, porque si falta no habrá tierra en la que puedan germinar las semillas de las vocaciones. Hagamos examen personal y comunitario a la luz de las siguientes palabras del papa Francisco: “En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración”(Evangelii Gaudium, nº 107). Con la gracia de Dios, empleémonos en pedir y en esforzarnos por crear este clima de alegría y fervor misionero en el cual puedan germinar las semillas de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Sin olvidar las palabras del Señor, sin mí no podéis hacer nada (Cf. Jn 15,5), pongamos en sus manos el curso pastoral que comenzamos, acudiendo a la intercesión de la Santísima Virgen con esta oración: Te rogamos, Señor, que venga en nuestra ayuda la intercesión poderosa de Santa María, siempre Virgen, para que, libres de todo peligro, podamos gozar de tu paz. Por Jesucristo nuestro Señor. (Del común de la Bienaventurada Virgen María).

Os encomiendo a todos en mis oraciones. Recibid un cordial saludo, con mi afecto y bendición.

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