Opinión

«Padre y hermano, como San José»

Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva


Querido hermanos y hermanas:

El próximo 19 de marzo celebramos el Día del Seminario que este año adquiere un particular relieve, porque el papa Francisco ha convocado “un Año Santo”, dedicado a San José, al cumplirse ciento cincuenta años de que el beato Pio IX lo declarara Patrono de la Iglesia.

Su grandeza consiste en que fue el esposo de la Bienaventurada Virgen María y el padre adoptivo de Jesús.. Él, que cuidó al Hijo de Dios, hecho hombre, en los primeros años de su vida en la tierra, nos enseña a ser – como nos ha recordado el papa Francisco- “un padre amado, en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa y trabajador en la sombra” que sabe ceder su protagonismo a Jesús, centro y plenitud de la historia de la salvación.

El lema escogido para esta jornada, “Padre y hermano, como San José”, nos recuerda cómo los sacerdotes, forjados en la escuela de Nazaret, bajo el cuidado de San José y la mano providente de Dios, han sido elegidos y enviados para custodiar, acompañar y guiar, con humildad y amor de padre, a todos los bautizados, sabiendo que cada uno de ellos es nuestro hermano.

Es verdad que la llamada a custodiar, acompañar y servir a nuestros hermanos se dirige a todos los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad, como hemos tenido ocasión de contemplar durante el tiempo de la pandemia que, de una u otra manera, nos ha golpeado: ¡Cuántas personas – médicos, sanitarios, fuerzas de seguridad, sacerdotes, religiosos y tantos otros – , anónimas a los ojos de casi todos, han dedicado su tiempo y sus vidas al cuidado de los enfermos del COVID-19! Pero esta llamada resuena con mayor fuerza para los sacerdotes, que han recibido de Dios el encargo de custodiar, acompañar y servir a los hermanos a imagen de Jesucristo que, además de pedir al Padre que guarde a todos en su nombre (cf. Jn 17,11), entregó su vida en rescate por muchos (cf. Mt 20,28).

San José llevó hasta el final la misión encomendada y, a pesar de las dificultades de la misma, no pasó de largo, no miró para otro lado, no se desentendió.

San José, entre otros muchos títulos, es considerado también como Patrón de los seminarios y padre de los seminaristas. Él, que cuidó de la Sagrada Familia en el hogar de Nazaret, en el que Jesús, nuestro Salvador, fue “creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52), es nuestro modelo e intercesor, para que el don de las vocaciones al sacerdocio, sembrado por Dios en el corazón de algunos hombres, sea cuidado, acompañado y guiado, para que dé el fruto que todos esperamos. Por ello, aquel que cuidó y forjó las manos y la persona de Jesús es también padre de los seminaristas, de aquellos que han recibido la llamada para ser un día “padre y hermano” de todos.

El Día del Seminario nos invita no sólo a ponernos todos bajo la intercesión y el amparo de san José, sino a seguir su ejemplo. Cuidar, acompañar y guiar a todas las personas que nos han sido confiadas para que conozcan, amen y sigan a Jesucristo es una hermosa y apasionante tarea que no admite demora. San José llevó hasta el final la misión encomendada y, a pesar de las dificultades de la misma, no pasó de largo, no miró para otro lado, no se desentendió. Toda la Iglesia diocesana debe acompañar a nuestro Seminario, rezando para que el Señor nos conceda el don de nuevas vocaciones al sacerdocio de las que estamos tan necesitados. Y también requerimos vuestra aportación económica para cuidar, acompañar y guiar a todos los candidatos que en el Seminario se forman para ser un día “padres y hermanos, como San José”.

A la protección de María, la Virgen Inmaculada, y de San José encomiendo nuestro Seminario Diocesano, para que los seminaristas lleguen un día a formar parte de nuestro presbiterio al servicio de nuestra Iglesia diocesana.

Para todos mi abrazo fraterno y bendición.

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